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“¿Qué te molestan los símbolos religiosos en un lugar público?”

Tucumán ya fue testigo lamentable con el caso de Belén del daño que puede infringir una Defensora que no defiende, Fiscales y Jueces que proyectan sus cosmovisiones morales y religiosas en la interpretación del derecho y una sociedad que mira para otro lado.

Por Soledad Deza

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Quizás la pregunta más frecuente que enfrentamos las feministas que luchamos para que las mujeres puedan acceder a sus derechos en condiciones dignas –dignas digo y eso excluye la limosna institucional- es el trillado “¿Qué te molesta?” frente a la queja de la presencia de símbolos religiosos en espacios públicos.

Ese “¿Qué te molesta?” que esconde la comodidad del status quo mucho más de lo que demuestra tolerancia, nos obliga a echar mano a un abanico de argumentaciones para explicar lo obvio: que el derecho constitucional a profesar libremente un culto incluye -con igual intensidad- el de no profesar ninguno o el de profesar otro cualquiera de los más de 4000[1] registrados en todo el país y que por eso, la entronización del culto católico en lugares públicos afecta la libertad de una gran cantidad de personas; que un respeto igualitario por la libertad de cultos exige al Estado ser neutral y no promocionar ningún credo;  que no hay nada de ingenuo en el maridaje Iglesia/Estado sino un pacto celestial-secular que todos conocen, muchos repudian, pero ningún gobierno rompe; que los símbolos que más presencia tienen en Escuelas Públicas, Hospitales y Poderes del Estado se identifican con los sectores religiosos que históricamente toman posiciones más fundamentalistas respecto de los derechos de las mujeres y la diversidad; que no es la creencia ajena lo que molesta, sino la violencia que supone tratar de imponerla fuera del púlpito y más allá de la propia feligresía; que la desigualdad de armas es grande cuando se unen Iglesia y Estado para cercenar derechos y muchas otras razones por el estilo.

Ahora, una cosa es la charla de café acerca de construcción de ciudadanía plena en tiempos de democracia y otra cosa muy distinta es llegar a una Defensoría Oficial que en su puerta tiene una multicolor pegatina católica y para rematar, la campaña anti derechos que los mismos sectores “colgaron del balcón” hace unas semanas. No es muy enigmático el merchandising del “bebito”, lo que resulta sorprendente es que un mensaje anti derechos de las mujeres cuelgue del Poder Judicial.

Esta “aficheada jurisdiccional” que contrabandea discurso religioso privado al espacio público se concreta usando de “vidriera” un lugar de poder público, una puerta de acceso a la justicia -literal-  que posiblemente sea la única para muchas y deja en claro para cualquiera que pase por allí que habrá derechos, como el de acceder a un aborto legal, que esta Defensora no defenderá porque prefiere anteponer su propio culto a la creencia y a los derechos de quien busque su ayuda.

El artículo 5 inc. b) de la ley 26.485 define la “Violencia institucional contra las mujeres” como “aquella realizada por las/los funcionarias/os, profesionales, personal y agentes pertenecientes a cualquier órgano, ente o institución pública, que tenga como fin retardar, obstaculizar o impedir que las mujeres tengan acceso a las políticas públicas y ejerzan los derechos previstos en esta ley”. Y el art. 6 inc. d) del Decreto 1011/10 que reglamenta la ley señala que “Específicamente incurren en violencia contra la libertad reproductiva los/as profesionales de la salud que no brindan el asesoramiento necesario o la provisión de todos los medios anticonceptivos, como así también los/as que se niegan a realizar prácticas lícitas atinentes a la salud reproductiva”. Entonces ¿Cómo es que una Defensora Oficial se atreve a respaldar -usando la puerta de acceso a la justicia- una Campaña que busca abiertamente retirar de la oferta sanitaria esta práctica médica lícita y promueve violencia contra las mujeres? ¿Cómo garantizará el Poder Judicial a las mujeres víctimas de violencia el acceso a la justicia si valida la violencia institucional dentro de sus Estrados? ¿Cómo puede el Poder Judicial validar discursos que descalifican derechos humanos llamándolos “ideología de género”?

Hace un par de años, la Fiscala Reynoso Cuello decía en una resolución que archivaba una denuncia iniciada por el PRO contra médicxs que habían practicado un aborto a una niña de 11 años, que “el aborto le pertenece a la víctima, no a la moral estatal”. La decoración religiosa matizada en la Defensoría con el “bebito”, no ayuda para este mensaje de respeto. Por el contrario, su violencia lo mina por su base.

Recapitulando. No molestan las creencias propias cuando son profesadas en privado porque el pluralismo de eso trata, de respeto. A la pregunta “¿Qué te puede molestar una imagen religiosa en un lugar público?” Me molesta cuando las creencias propias se conviertan en violencias ajenas.

 

 

 

 

 

 

[1] http://www.mrecic.gov.ar/es/registro-nacional-de-cultos

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