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Charla de peluquería con Mariana Romero

Mariana Romero es periodista en Tucumán. Sus crónicas conmueven porque está donde nadie quiere estar y siempre dispuesta para acercar el micrófono a las injusticias. La encontramos como siempre cerca de Tribunales, siguiendo algún caso policial y la invitamos a que se haga los ruleros con nosotras. Entre azahares y barbijos, Mariana se toma 5 minutos y un té para contarnos de su vida, su trabajo y su compromiso con la comunicación. Aflojá con las ganas de ir al bar, quedate en tu casa y disfrutá esta nueva Charla de Peluquería

Por Florencia Sabaté

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MxM: ¿Cómo describiría Mariana Romero a Mariana Romero?

Mariana: Una piba que trabaja en los medios de comunicación porque encontró ahí una forma de cambiar realidades.

 

MxM ¿Cuándo sentís que te posicionaste como feminista?

Mariana: Hubo algún momento, cuando salí de la adolescencia, en que me empecé a sentir incómoda con algunos de los roles que me eran asignados por ser mujer. Especialmente, mujer joven.

El mundo estaba lleno de pajeros que consideraban que era un halago para mí resaltar mi condición de objeto sexual en cualquier ámbito: en clases, en la búsqueda de trabajo, en las relaciones sociales. Por supuesto no era sólo conmigo, le pasaba a todas las chicas de mi edad. No había una voz en los medios ni tenía ninguna referente que me dijera que eso estaba mal, por lo que sentía que mi incomodidad era uno de los tantos traumas con los que tenía que convivir. Incluso en terapia, cuando contaba situaciones de este tipo, el tratamiento consistía en revisar de qué manera había provocado yo esos episodios, lo que me sumaba una tremenda culpa.

Buscaba la forma de ser mujer sin que eso significara que siempre estaba disponible para que, en cualquier ámbito, el acoso se presentara como algo inherente a mi condición.

Intentaba reaccionar sin que eso generara más revuelo y más culpa, pues cuando cuestionaba ese tratamiento sobrevenía siempre el mote de “histérica” o “buscapleito”. Ir al Encuentro de Mujeres en Salta en 2002 me hizo abrir los ojos: no era yo la que debía adaptarme al mundo, sino el mundo el que debía cambiar.

Desde entonces me defino como feminista. Sin embargo, en esos tiempos, era una postura más bien privada, una característica simpática pero personal, que no se traducía en una lucha palpable, más allá de que milité en mis años 20 en un partido trotskista. La lucha por los derechos de la mujer, entonces, ocupaba sólo un ítem en un plan más abarcador y prioritario. La igualdad de derechos sobrevendría recién cuando el sistema capitalista caiga, rezaba el dogma. La militancia feminista siempre estaba relegada a un segundo o tercer plano.

En 2012 fue la primera vez en que di un paso autónomo, ya trabajando en los medios. Entonces, el acoso verbal callejero no tenía siquiera nombre y sólo una agrupación de Santa Fe había publicado en internet una nota corta y panfletaria sobre el tema. Resolví indagar en la problemática, consulté abogados y psicólogos y escribí una crónica a doble página en el semanario en que trabajaba. Fue el primer artículo en línea, por lo menos en castellano, sobre el tema. El día en que se publicó, sentí que el feminismo no era un asunto personal y secundario. Era una lucha que debía materializarse.

 

MxM: ¿Cómo te imaginás un mundo no binario?

Mariana: Como este.

El mundo en que vivimos es no binario. Son nuestros arcaicos patrones simbólicos los que encasillan a las personas, las cosas y los hechos en universos masculinos y femeninos.

Pero se viene una generación que ya lo entendió. Adoro conversar con adolescentes, muchos de ellos crecen sin siquiera la necesidad de definirse en un sector o el otro, o situarse de manera rebelde entre ambos. La naturalidad con la que exploran la vida y el mundo, sin la necesidad de encajar en estándares, es maravillosa. Lo que a ellos les sorprende y les llama la atención es nuestra vieja y oxidada tendencia a polarizar.

Sin embargo, este fenómeno no deja de ser elitista. En sectores más vulnerables, las mujeres continúan creciendo en ambientes en los que la maternidad no planeada condiciona sus perspectivas. Ser niña y adolescente en barrios donde el paco hace estragos implica, en muchos casos, el sometimiento de las más pequeñas a situaciones de abuso sexual a cambio de la provisión de drogas. Y, si ello no ocurre, los viejos preceptos machistas de propiedad sobre los cuerpos de las mujeres las llevan a embarazos muy tempranos, que terminan ubicándolas desde muy pequeñas en roles maternos (muchas veces solas) y acaban acorralándolas en espacios domésticos y de profunda dependencia. Pensarse o pensar el mundo de una manera no binaria, en esos casos, parece un lujo burgués.

 

MxM:¿Sentís que la lógica de la prensa o comunicación hegemónica y alternativa reproduce expresa en cierta forma asimetría de poder propia del Patriarcado?

Mariana: Cada vez menos. Considero que el trabajo en prensa está cada vez más profesionalizado y que los trabajadores y trabajadoras de estos tiempos vienen con mayor formación académica. Las redacciones ya no son esos humeantes espacios masculinos, oscuros, llenos de bohemios de sombrero escribiendo hasta entrada la madrugada con vasos de whisky en la mano. Los grandes medios están avanzando en la creación de departamentos de géneros e incorporando la perspectiva en el tratamiento de las noticias. Las redes sociales influyen también mucho en este cambio: hoy, publicar artículos y titulares que hace 10 años eran moneda corriente conlleva una condena pública que a veces se vuelve viral. En ese sentido, soy optimista.

Sin embargo, sí quedan puertas adentro, en las redacciones (cuando digo redacciones me refiero a estudios de radio, de TV, oficinas de páginas web y otros espacios) resabios del viejo machismo. Las mujeres todavía debemos defender nuestro trabajo con una carga doble que la de los hombres, en muchos casos. Discusiones sobre un contenido o una forma suelen derivar en descalificaciones personales como “te hace falta una buena p*ja”, “parece que estás en esos días” o “así no vas a conseguir novio”. Y cuando estos desacuerdos se producen entre dos mujeres, la mediación externa suele reducir el tema a “pelea de minas”. Sin embargo, estos micromachismos ya no suelen quedar impunes, las redacciones están cada vez más llenas de gente joven que repudia este tratamiento medieval.

Igualmente los cargos más altos siguen ocupados por hombres. Direcciones, jefaturas de secciones y departamentos y demás cargos de responsabilidad y conducción son escasamente cubiertos por mujeres. Entonces, la perspectiva de género en el producto final muchas veces debe pasar por la buena voluntad de ese superior o el temor al escrache al medio.

La brecha salarial continúa existiendo y, cuando más precarizada es la situación, más se agrava. Las imposiciones de imagen también profundizan esta problemática, especialmente en la televisión: las mujeres deben lucir impecables y eso hace que muchas recurran al canje, que pasa a ser considerado parte de los beneficios salariales (ganás menos pero tenés peluquería, manicura y ropa gratis).

Pero, en muchos casos, el canje no es una elección, es un requisito para cumplir con los estándares de imagen requeridos para permanecer en pantalla. El periodista se prepara para ser la sombra invisible detrás de la noticia. Sin embargo, el canje nos lleva a las mujeres a exponernos como objetos bonitos en las redes sociales, asumiendo un rol que no es para el que nos hemos preparado. Si bien muchas disfrutan de esta exposición, hay otras que prefieren no ser conocidas como modelos de ropa y zapatos, sino por el contenido que generan. Este dilema me llevó a mí, en lo personal, a abandonar el estudio de televisión -y por lo tanto el canje de ropa- y decidir hacer exteriores, donde lo importante es lo que ocurre en la calle y no cómo luce la periodista. He tenido el privilegio de poder elegir, pero no todas lo tienen. Me siento afortunada por poder optar no ser recordada por mi aspecto sino por lo que genero.

 

MxM: ¿Te interrogás sobre la posibilidad de que tus notas, al denunciar casos trágicos donde el Estado está ausente, construyan sentidos para un feminismo punitivista? 

Mariana: No sé bien a qué se refiere la expresión “feminismo punitivista”. Si nos estamos refiriendo al proceso de denuncia y búsqueda de una sentencia judicial (es decir, limitándonos al ámbito de la Justicia y no, por ejemplo, al escrache público o las redes sociales) no considero que el punitivismo entre en contradicción con el garantismo. Perseguir una condena judicial no implica aceptar o ser complaciente con una derecha que busca tortura y castigo en el ámbito carcelario. Tampoco creo que entra en contradicción con la colectivización de las experiencias ni mucho menos deja afuera una serie de medidas reparadoras, necesarias que debe contener la sentencia.

Para ser más específicos. Tomemos, por ejemplo, un caso de femicidio con condena a perpetua. El proceso que lleve a esa sentencia muchas veces es colectivo, formativo, alerta a la sociedad sobre la problemática, permite advertirla cada vez con mayor anticipación. La prisión perpetua es una pena cuya constitucionalidad es cuestionada y ese es un debate abierto todavía. Pero la pena de prisión en sí no significa que uno acepte condiciones carcelarias inhumanas o falta de respeto por las garantías constitucionales. En mi opinión, la búsqueda de sentencias debe ir de la mano con el reclamo de que nuestro sistema carcelario procure la reinserción y la reflexión sobre la ofensa. La sentencia, incluso, está incompleta si no incluye medidas reparatorias, como la protección (económica, de seguridad y psicológica) de las víctimas y sus sobrevivientes, la obligación a los organismos del Estado de hacer efectivos los derechos que les fueron negados y que derivaron en el hecho criminal (salud, educación, acceso a la Justicia).

He cubierto casos de violencia solucionados por procesos de mediación en los que no hay condena, sino un acuerdo entre las partes, un pedido de disculpas y la imposición de medidas reparadoras para las víctimas. Puede funcionar en casos que no sean graves. Pero cuando el delito se consuma a lo largo del tiempo o cuando las consecuencias son irreparables, el agresor debe encontrar un límite. Y ese límite lo impone la pena. Tras la sentencia, puede comenzar un proceso de reinserción y reflexión del ofensor. Esto no ocurre en nuestra provincia, pero no es un problema del que las víctimas deban ocuparse sino el Estado.

 

MxM: Si tuvieras que elegir una sección periodística para dirigir en un Diario hegemónico ¿elegirías Policiales o Política? 

Mariana: Sin dudarlo, Policiales.

Hice periodismo político y me fue muy mal, ese espacio continúa siendo marcadamente masculino y yo, honestamente, abandoné la batalla.

En Tucumán hay muy pocas mujeres especializadas en periodismo político, generadoras de contenido e investigaciones.

Elijo una y mil veces Policiales porque, a diferencia de Política, en ese espacio sí se pueden generar cambios. Los actores políticos tucumanos tienen tan poco temor a la opinión pública, que un periodista puede revelar gravísimas realidades y nada, en absoluto, cambia. Y para muestra basta un botón: las causas por corrupción en la obra pública, por maniobras fraudulentas electorales, la de “las valijas de la legislatura”, la de la “polenta podrida” o las revelaciones de clientelismo político produjeron casi ningún cambio en el sistema. Nuestro gobierno no gana las elecciones ganándose a la opinión pública, sino manejando el aparato estatal. Por eso, Política no genera más que escándalos de primera plana mientras los mismos dinosaurios van rotándose siempre dentro del Estado, sin que ninguno, jamás, haya perdido algo por lo que hizo.

En cambio, en Policiales se pueden cambiar pequeñas realidades: obtener una custodia para una niña, que se revise un fallo injusto, conseguir un abogado que represente a una víctima, sacudir a sus señorías cuando, sin motivo alguno, demoran sus labores, aportar datos a las investigaciones. Estos detalles no modifican el escenario macro de nuestra justicia lerda, ineficiente y clasista. Pero para algunas personas, representa un cambio radical. Se pueden salvar vidas, literalmente.

Sin embargo, los asuntos de Policiales y los de Política no son paralelos. Policiales siempre lleva a Política.

Cuando uno aborda un homicidio y, en lugar de “pelea vecinal” se da cuenta de que se trató de una disputa de narcomenudeo, ahí comienzan a pesar las políticas contra el narcotráfico y las adicciones. Cuando una cubre un femicidio, siempre llega al eterno problema de las políticas contra la violencia hacia las mujeres, la falta de presupuesto, la falta de refugios y planes de protección. Ni qué hablar de las causas de brutalidad policial o las de abuso sexual contra altos miembros de la política local.

 

MxM: ¿El poder de marcar la agenda de interés social y político sigue siendo de los varones en los medios de comunicación ?

Mariana: Volvamos al tema ineludible de que los jefes de redacción, directores de noticiero y demás cargos jerárquicos están ocupados por hombres. Sin embargo, yo creo que los temas de agenda no son tanto condicionados por el género, sino por la economía. Depende de quién financia al medio y depende de la relación económica costo-beneficio de cubrir determinada cuestión.

 

 

MxM: ¿Cuáles son los Ingredientes indispensables para una crónica feminista de un caso judicial ?

Mariana: El hecho policial es el disparador.

Así como el cuerpo habla sobre el crimen, el crimen habla sobre la sociedad. Yo creo que una buena crónica judicial bien merece el olvido si no se asoma de manera impiadosa sobre las circunstancias que la provocaron.

Específicamente, desde la mirada feminista, creo que a una buena crónica no puede faltarle nunca el rol que el Estado jugó y juega en el hecho. Hablando puntualmente de situaciones en las que las mujeres, miembros del colectivo trans y otras disidencias son las víctimas, omitir las falencias estatales que derivaron en el hecho es imperdonable. Y luego, en la mayoría de los casos, el rol revictimizador de las instituciones a las que muchas veces acuden estas personas o sus familiares en busca de protección o justicia. Aún en los hechos que, en apariencia, son más íntimos e impredecibles la ausencia de políticas de Estado para prevenirlos termina evidenciándose en el resultado.

Por último, considero que no debe ser jamás panfletaria. La exposición del caso, sus antecedentes y las circunstancias en las que ocurrió alcanza y sobra para despertar en el lector opinión crítica, sin subestimarlo. El despliegue de postulados, máximas y consignas es para otro ámbito. El desafío de la crónica es despertar reacciones sin jamás mandarlas a llamar.

 

MxM: ¿A quién te gustaría entrevistar y por qué?

Mariana: A personajes históricos, avanzados para su tiempo y también presos de su época.

Desentrañar el feminismo, por ejemplo, en una entrevista a Eva Perón y sus contradicciones; abordar la cuestión del respeto a las diversidades con Fidel Castro o repasar un siglo de lucha por los derechos de la mujer con Alicia Moreau de Justo.

 


MxM: ¿Qué significa “lo personal es político” para Mariana Romero?

Mariana: El motor de la lucha por los derechos de las mujeres proviene de nuestras historias personales y su proceso de colectivización. En esta última etapa del movimiento, en los últimos años, la batalla pública se ha dado de la mano de un proceso de profunda introspección y análisis de nuestras propias realidades.

Descubrirnos no como culpables, sino como víctimas de un sistema desigual origina la necesidad de compartir, debatir y generar propuestas de lucha.

Al comprender que lo personal es lo colectivo, comprendemos que la respuesta debe ser de conjunto.

 

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