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Día de la madre: entre el amor, el trabajo y las desigualdades

El Día de la Madre nos convoca a ver el cuidado desde distintas lentes. Trascender el plano afectivo nos permite poner en relieve las profundas asimetrías que atraviesan las mujeres en un contexto de desigualdades estructurales. Lejos de los imaginarios que romantizan el “sacrificio inherente”, la maternidad está profundamente marcada por la desigualdad de género, que exige a las mujeres sostener hogares con mínimas redes de apoyo. 

La primera manifestación de esta desigualdad se presenta en la distribución del trabajo no remunerado. Según la Encuesta Nacional del Uso del Tiempo, las mujeres a diario dedican en promedio seis horas y media, comparadas con las tres horas y cuarenta minutos que presentaron los hombres relevados. La brecha es de casi tres horas de dedicación diaria a tareas no remuneradas. A ello se le sume una dedicación masculina al trabajo remunerado de más de una hora y media que sus pares femeninos. 

Esta mayor carga de tareas no remuneradas y menor cantidad de horas remuneradas nos permite observar una menor inscripción de las mujeres en el mercado remunerado, y por ello, una mayor vulnerabilidad ante los vertiginosos cambios socioeconómicos actuales. Menor ingreso se traduce en menor posibilidad de tercerizar los servicios de cuidado, lo cual genera una tendencia a incrementar las horas de trabajo no remunerado dedicado al cuidado en las mujeres. Esto, una vez más, disminuye las posibilidades de insertarse en el mercado laboral. A su vez, esta concatenación de vulnerabilidades se agudiza cuando incorporamos como variable a los hogares con Necesidades Básicas Insatisfechas. 

La sobrerrepresentación de las mujeres en los deciles de menores ingresos nos da un dato crudo e irrefutable: hay una feminización de la pobreza, que agrava las desigualdades estructurales. Si a ello le sumamos la cantidad de hogares monoparentales que encabezan mujeres, un 70%, de las cuales la mayoría trabaja en la informalidad, podemos afirmar que el cuidado no remunerado profundiza la vulnerabilidad económica. 

Maternar empobrece a un grueso de las mujeres en un contexto de recorte y eliminación de prestaciones sociales, con programas de apoyo discontinuos, la esfera previsional en proceso de destrucción y una retracción dada por la crisis económica.

El amor no alcanza sin justicia económica. Maternar con dignidad material es una responsabilidad social y estatal.