¿Por qué es tan exponencial el aumento de casos de sífilis e ITS en la Argentina?
En los últimos años los boletines epidemiológicos dejaron de ser documentos técnicos para especialistas y pasaron a ser un espejo social incómodo, muestran con crudeza cómo crece la desigualdad en el acceso a la salud sexual. La sífilis y otras infecciones de transmisión sexual no solo aumentan en número, sino también en brechas. En la Argentina 2024 marcó un récord histórico con casi 37 mil contagios registrados, pero detrás de la estadística aparece un dato clave y menos visible que revela las raíces profundas del problema, las desigualdades de género que condicionan la posibilidad de cuidarse, decidir y acceder a la información.
El aumento exponencial no ocurre en un vacío. Las mujeres y personas gestantes cargan con la mayor parte de las consecuencias clínicas y sociales. La sífilis en el embarazo puede producir daños graves, contagio al bebé, partos prematuros o complicaciones que podrían evitarse con controles adecuados. Sin embargo, en muchas ocasiones la responsabilidad del cuidado se deposita de manera desigual sobre ellas, mientras la falta de acceso a métodos de prevención, el miedo al estigma y la violencia obstétrica o institucional dificultan consultar a tiempo.
Entre jóvenes la brecha también se siente. Las chicas suelen recibir más presión social para cuidarse, pero menos libertad para negociar el uso de preservativo sin ser juzgadas o desestimadas. Las identidades disidentes atraviesan barreras aún mayores como discriminación en efectores de salud, prejuicios, dificultades económicas y la ausencia de políticas públicas específicas que contemplen sus realidades. En el caso de varones jóvenes la baja percepción de riesgo y la socialización en prácticas sexuales sin protección, frecuentemente celebradas o minimizadas en entornos masculinos, contribuyen a la expansión del problema.
La salud pública es una conquista de derechos que no siempre nos estuvo dada en Argentina. El 4 de junio de 1949 asume Ramón Carrillo como Ministro de Salud Pública, área que antes no existía, durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Así, inicia un plan para que las personas más vulneradas por la pobreza y la extensión territorial tengan acceso al sistema de salud. A través de mapeos, de articulación rural, regional, nacional y citadina comenzamos a concebir a la sanidad como un proyecto nacional y común. De la mano se crearon campañas integrales para la erradicación de enfermedades endémicas y venéreas, como la sífilis.
Este cambio es sustancial: erradicar es prevenir, es articular, es significar con otros que conocemos y con un tejido social al que queremos por el mero hecho de ser argentino. La salud pública es historia, es sostener un trabajo que comenzó con el deseo de devolverle dignidad a la vida del otro. Prevenir la sífilis debe ser en comunidad, es patria.
Las ITS crecen además en un clima cultural que retrocede en materia de derechos sexuales y reproductivos. Cuando se debilita la Educación Sexual Integral aumenta la desinformación, cuando las políticas públicas se retraen los testeos dejan de ser regulares, cuando la prevención deja de ser prioridad estatal las poblaciones más vulneradas quedan aún más expuestas. La perspectiva de género permite entender que las ITS no aumentan solo por prácticas individuales, sino por estructuras sociales desiguales que condicionan quién puede cuidarse, cómo y con qué recursos.
Frente a este escenario desde hace meses la Fundación MxM viene advirtiendo con especial preocupación el aumento de sífilis e ITS y sus efectos desiguales en mujeres, jóvenes y diversidades sexuales. A través de nuestro proyecto Empalme Verde se insiste en la urgencia de fortalecer políticas públicas de prevención, garantizar educación sexual integral para todas las identidades y asegurar acceso real y libre de violencias a la salud sexual. Porque detrás de cada caso no solo hay un diagnóstico, hay una historia que necesita derechos, cuidado y dignidad.